La “montaña rusa” que es Colombia

De plebiscitos y premios Nobel

Por César Pizarro B

Colombia es de esos países exóticos no solo por su ubicación geográfica con dos océanos (a los que les da la espalda), una diversidad de climas, comidas, razas (a las que discrimina), giros idiomáticos y paisajes que descrestan al más universal de los mortales sobre la tierra, sino que además los acontecimientos que a diario se viven en este país, atropellan la realidad de los hechos y lo elevan a la categoría de macondianos; ese universo ficticio pero casi real creado por el primer nobel colombiano, Gabriel García Márquez.

Sólo tomemos una corta época de nuestra vida moderna en Colombia, una era de 15 días; es decir dos semanas, para que apreciemos como esta Colombia es un país de contrastes, de absurdos, de insólitos, que es capaza de pasar de la dicha a la tristeza en un minuto y volver a la alegría a los pocos segundos. Un país que se reinventa a si mismo cada hora, que de la tragedia hace humor, que no se detiene, que está en constante movimiento.

La Colombia del 26 de septiembre al siete de octubre de 2016, es esa “montaña rusa” que solo puede ocurrir en un país como este, con disimiles matices, identidades e intereses. Es esa Colombia que puede pasar de la Gloria a descender del Olimpo y bajar al infierno en cuestión de días y luego resucitar y subir a los cielos como el Nazareno.

Aunque resulte insólito, así es y eso puede pasarle de la noche a la mañana a alguien como el primer ciudadano de la Nación. Y de esa forma le ocurrió al presidente de la República Juan Manuel Santos Calderón, quien el pasado 26 de septiembre logró la Gloría al tener en una fastuosa gala a toda la comunidad internacional, desde el secretario general de la ONU, 13 presidentes, cancilleres, un ex monarca europeo y secretarios de Estado como John Kerry de USA, firmando un histórico acuerdo de paz con las Farc después de 52 años de vida subversiva y terrorista, para luego a los seis días resultar derrotado por el pueblo colombiano en la refrendación de dicho pacto de paz, resultando humillado por su oposición y viendo como su principal obra de gobierno se le desvanece y haciendo el oso internacional tras su show pacifista. Pero luego de descender a los infiernos, a los cinco días es resucitado, y prácticamente subido a los cielos por un premio Nobel de Paz que por su persistencia y avances se merece, mas no por el resultado final que aún todos los colombianos esperan.

Esos acontecimientos de estos días azarosos que se remolinaban en la mente de los colombianos, en el fragor de la discusión entre los que aprobaban los acuerdos de Santos y Timochenko y los que los rechazaron y lo derrotaron, no se terminaban de digerir el uno, cuando le sobrevenía el otro. Y en medio de tales sucesos macondianos, al cierre de esta nota, aún se sentía el mareo producido por ese estrepitoso recorrido por esta “montaña rusa” que es Colombia, nuestro amado país.

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