Bongo le dio a Borondongo (EDITORIAL)

La semana pasada se desató un cruce de responsabilidades entre la Gobernación, Coralina, Proactiva y la hotelería insular por los vertimientos de aguas sanitarias al nivel freático que dejaron expuestas aguas excrétales en las vías públicas, y especialmente en la zona turística adyacente tanto al paseo Peatonal como a las playas del Centro o playas de Sprath Bight.

A primera vista el gran responsable de la situación parece ser Proactiva, la empresa de acueducto y alcantarillado de San Andrés que no tiene excusas para resolver un problema que ya es  crónico y que muestra la peor cara y los peores olores de San Andrés, que causa vergüenza pública y que afecta no solo el normal desarrollo cotidiano de una ciudad, sino de un amplio sector gastronómico de la ciudad, que por cuenta de esta situación, adereza su gastronomía con olores putrefactos que le dañan la comida a cualquiera.

Y fue la propia autoridad ambiental la que a raíz de las evidentes situaciones de contaminación ambiental le ofició al gobernador del Departamento Ronald Housni Jaller para que adoptara medidas drásticas e inmediatas, tales como el cierre de playas, ante la caótica situación crítica de contaminación de los ecosistemas marinos y submarinos con el vertimiento de las aguas negras.

Y fue en virtud de esta situación que el gobernador del Departamento como representante legal de la entidad contratante le reprochó a Proactiva y le exigió solución inmediata a esta problemática, la cual ha sido reiterada y afecta el buen funcionamiento de la ciudad, sobre todo en materia turística.

A su turno Proactiva le reprochó al Hotel El Dorado por una sobrecarga que esta unidad hotelera estaría haciendo al sistema de alcantarillado, tanto de aguas servidas como lluvias, las cuales se realizarían mediante el método de bombeo directo, lo que afectaría el normal funcionamiento del alcantarillado, y lo cual sería el principal causante del rebosamiento de los manjoles de la ciudad, sobre todo del sector Hansa.

Las unidades hoteleras o los edificios de la zona, es decir,  los usuarios recurrentemente son los responsabilizados de los vertimientos por supuestamente afectar el sistema, porque no usan trampas de grasas ni arenas, o porque bombean en horas de mayor descargas, o por hacerlo directamente y no por efecto de gravedad, y como dice el dicho, son la parte más delgada por donde siempre se rompe la cuerda. Estos no tienen a quien echarle la culpa, y en cierta forma son culpables, pero también los son todos los anteriores; es decir la empresa del servicio que parece no hacer las inversiones suficientes para resolver de una vez por todas un problema crónico,  el contrante, o sea el Departamento por haber sido laxo con esa empresa durante tanto tiempo, y la autoridad ambiental que hace mucho rato ha debido adoptar las acciones de choque que adopta ahora, ya de manera bastante tardía.

En todo caso es bueno que de esta crisis salga una solución definitiva y que este episodio no se convierta en el eterno peloteo del problema, donde Bongo le da a Borodongo y Borondongo a Bernabé, como el la canción de Celia Cruz.

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