A ocho años de la pérdida del mar territorial con el fallo de La Haya, el Archipiélago se debate entre la devastación de los huracanes y la pandemia del Covid19

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Por César Pizarro Barcasnegras

Noviembre 19 de 2020

Noviembre parece haberse convertido en un mes trágico para el Archipiélago, contrario a la veneración que siempre le hemos tenído por ser el tiempo de celebración del onomástico del santo patrono de San Andrés que se conmemora el 30.

Y es que las peores desgracias de las que se tenga recordación para este pueblo se han dado en este mes, luego que un 12 de noviembre de 2012 se produjo el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya 1ue cercenó 72 mil kilómetros cuadrados de mar territorial, y ahora el 16 de noviembre de 2020, el huracán Iota destruyó por completo las islas de Providencia y Santa Catalina.

Ocho años después de esa primera gran desgracia para el pueblo de las islas, el Archipiélago se debate entre la Pandemia del Covid 19 que paulatinamente sigue sumando nuevos casos en San Andrés y Providencia, la tragedia por los estragos dejados por los huracanes Eta y  Iota en las tres Islas y la conmemoración del octavo aniversario del fallo de la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya, Holanda que le cercenó más de 70000 kilómetros cuadrados de mar territorial.

Este 19 de noviembre al celebrarse el octavo aniversario de ese histórico fallo que terminó cercenando al archipiélago de sus más productivos bancos de pesca, y de amplias riquezas ictiológicas, lejos de haber mejorado la condición socioeconómica de los pobladores del Archipiélago, que hace 8 años ofreció el entonces presidente de la República Juan Manuel Santos Calderón tras la ‘implementacion’ del llamado Plan Archipiélago para las Islas, al tiempo que afirmaba que se desacataba el fallo de la Corte, las Islas viven una situación mucho peor en las que parece no haber progresado en absoluto, y se han quedado sin su mar, sin el rico banco de pesca Luna Verde, y sin dos entrañables y hermosas islas acabadas por el fenómeno ciclónico, arruinando por completo a su población.

Hoy el panorama para las Islas es dantesco y de una incertidumbre total en medio de una Pandemia que ha mantenido al territorio insular del archipiélago por más de un semestre con la parálisis absoluta de su economía basada en el turismo y el comercio, debido al cierre inpuesto para evitar la expansión de la Pandemia del Covid 19 que hasta ahora ha cobrado 31 vidas y contagiado a 2.000 de sus habitantes.

Cuando empezaban a reabrirse las actividades turísticas de las islas, primero azota a San Andrés el huracán Eta que destruyó el borde costero que albergaba a una docena de balnearios turísticos de la que detentaban su sueldo muchas familias nativas y residentes y luego el paso de un segundo y devastador huracán y Iota que acabó con las islas de Providencia  y Santa Catalina, unos entrañables territorios  100% turísticos, donde sus lugareños ofrecía. Un turismo de un nivel alto para turistas extranjeros.

Las Islas hoy están peor que hace 8 años cuando perdió sus bancos de  pesca, y con lo poco de las actividades productivas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, se han ido agotando las posibilidades de un mejor vivir de sus pobladores.

Por un lado la actividad de pesca de la que detentaban ingresos al menos un centenar de buques pesqueros del archipiélago con sus numerosas tripulaciones, así como de otras latitudes cercanas y varias empresas industriales que procesaban estos recursos de exportación, causando también afectación a la seguridad alimentaria de las Islas y ahora con la destrucción de los sitios turísticos de mayor tradición como el Hoyo Soplador, West View,  Punta Sur, La Piscinita, toda Providencia y Santa Catalina, cuyo atractivo puente flotante de Los Enamorados tambien desapareció, el aparato productivo del Departamento Archipiélago se encuentra muy diezmado y golpeado y menguadas las posibilidades de generación de riqueza,  empleo y productividad económica para una ya maltrecha economía.

Es por ello, que a pesar de la entereza, el tesón y el trabajo de las gentes del archipiélago, con tantas afectaciones antrópicas que la han golpeado y que parecerían juntarse ( fallo de La Haya, Pandemia y Huracanes), centran sus esperanzas en las acertadas acciones que pongan en marcha el Gobierno Nacional que en los primeros minutos de toda esta tragedia ha respondido con algo de inmediatez pero viendo  el tamaño del problema y de la devastación, y la experiencia de frustraciones pasadas con el llamado Plan San Andrés, tememos que dada la magnitud del desastre, probablemente desborde la capacidad del gobierno central y haya incluso que apelar a créditos externos o a la solidaridad internacional a través del sistema multilateral, para que la reconstrucción conduzca a un feliz termino de los habitantes y no solo puedan volver a sus hogares nuevamente edificados, sus actividades productivas restauradas, sino que la nueva Divina Providencia que invoca su alcalde, sea de nuevo el paraíso al que todos queremos visitar.

El gobierno del presidente Iván Duque Márquez tiene el reto de superar y no repetir la frustración que dejó el presidente Santos con el Plan Archipiélago frente al fallo de La Haya, y que el Plan Nueva Divina Providencia, supere las expectativas de una entrañable comunidad que hoy demanda toda la solidaridad y la atención del Estado, del sector privado, de los ciudadanos, de los colombianos, y del mundo entero.