¿Acostumbrados a la crisis sanitaria?

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Georlett S. Gordon

Esta mañana al escuchar uno de los noticieros más importantes del país, me llamó la atención una sección que denominaron “S.O.S. por San Andrés”, la noticia se refería al estado del sistema de salud en la isla y la deplorable condición de la infraestructura del Hospital Clarence Lynd Newball.

Como es sabido por todos, la semana pasada justo cuando se contaba con la presencia en la isla de funcionarios de Procuraduría, algunas autoridades del orden nacional y medios de comunicación, entre otros, pudieron evidenciar en forma directa las lamentables condiciones de la infraestructura del hospital, al caer un fuerte aguacero como signo premonitorio que las soluciones para el carente sistema de salud de San Andrés pueden estar cerca. Pareciera que la voluntad divina armonizó la naturaleza, la pandemia y la visita de autoridades y medios de comunicación, para que saliera a la luz pública una vez más la difícil situación del hospital de San Andrés.

Las imágenes muestran cómo cae el agua dentro del edificio, inundado los pisos, mojando equipos y al personal de salud afanosamente buscando como cubrirse y proteger lo que tiene a su alrededor, es increíble que eso suceda en un lugar donde se supone se garantiza la atención a los problemas de salud de los pacientes, se preserva la vida bajo condiciones dignas y humanas y ni hablar de las condiciones óptimas y seguras que deben brindarse al personal que allí labora.

Me causó impresión que algunas personas entrevistadas, coincidían en afirmar respecto a la calidad en la prestación del servicio frases como estas: “esto siempre ha sido así”, incluso alguien señaló “los isleños estamos acostumbrados a que esto sea así” y no pude dejar de recordar algunas frases que siempre he escuchado con ese tono costeño tan especial “seño, nos toca traer las sabanas, la comida… hasta el foco nos toca traer” o los que dicen “yo prefiero quedarme en mi casa, porque allá en el hospital no lo mata a uno la enfermedad sino el óxido”. Esto refiriéndose a que el personal médico trabaja con las uñas y es de admirar su vocación de servicio, al continuar al frente de su labor, no obstante lo difícil de las condiciones.

Esto deja una mezcla de sentimientos encontrados, por un lado la alegría al ver a mi hermosa tierra siendo protagonista de una preocupación a nivel nacional, el acento inolvidable de costeños, isleños, paisas y la diversidad cultural de quienes habitan la isla, así como las imágenes de esos bellos paisajes de mi tierra amada, sin embargo y casi de inmediato, surge la tristeza, al ver la realidad de lo que sucede en la isla ante el precario sistema de salud y me siento aún peor cuando escucho decir “estamos acostumbrados”.

Yo orgullosamente raizal, nací en el Hospital Santander, aunque sé que con esta confesión dejo en evidencia la cantidad de maravillosos años que he vivido, es necesario recordar esa vieja construcción, donde desde entonces escuchábamos la misma frase, “el servicio de salud es deficiente”.

Estoy segura de que más de un lector de este artículo, tuvo que viajar al “continente” para un chequeo médico, asistir a una cita con especialista, la realización de un procedimiento y ni hablar de las que tuvimos a nuestros hijos por fuera de la isla, por presentar antecedentes de embarazos de alto riesgo, esto y mucho más, porque nuestro sistema hospitalario no tenía las condiciones para atender en forma oportuna y eficiente estas situaciones.

Recuerdo también las diversas ocasiones en que el personal médico: enfermeras o especialistas, hicieron protestas y jornadas de paro de actividades, reclamando el pago de sus salarios y el mejoramiento de las condiciones laborales.

Tengo amigas enfermeras y conozco de primera mano su situación, es increíble que no reclamaban uno o dos meses de sueldos atrasados, el reclamo era por 6 o más meses. Por Dios!!!, que momentos tan difíciles vivieron y creo que aún persisten algunas de esas situaciones, no obstante, siempre estuvieron ahí prestando el servicio aunque fuera sólo por urgencias.

También recuerdo que con bombos y platillos se inauguró el nuevo hospital, con una infraestructura hermosa, imponente, de color blanco, transmitiendo fortaleza y optimismo frente a una clara mejoría en la prestación del servicio de salud, sin embargo, casi de inmediato se empezó a escuchar que no contaba con el personal medico suficiente ni los equipos requeridos, otra vez pienso: Increíble!!!”. Era un proyecto lleno de “buenas intenciones” pero no ha alcanzado su objetivo primordial, que es prestar un servicio de salud oportuno y de calidad a todos los habitantes de la isla.

No puedo referirme a responsables frente a las condiciones de la infraestructura o la prestación del servicio, porque sería un atrevimiento de mi parte hablar de un tema que no me consta, pero lo que si es claro, es que siendo la salud y la vida un derecho esencial consagrado en la Constitución Política de nuestro País, ante esta situación todas las autoridades tanto nacionales como locales que tengan funciones o responsabilidades frente al sistema de salud, deben aunar esfuerzos para mejorar el servicio en las islas.

Tampoco cuestiono la labor del personal médico, porque considero que en estos momentos para ellos sólo tenemos agradecimiento por su dedicación, su vocación de servicio y su compromiso para enfrentar esta pandemia, aún bajo condiciones laborales, de logística e infraestructura precarias.

Espero de todo corazón que esta situación no pase de ser solo la noticia del momento, ruego a Dios que por fin haya soluciones de fondo para esta problemática, que el Gobierno Nacional vuelque sus ojos hacía San Andres y se realicen las obras e inversiones que se necesitan para garantizar a los isleños, residentes, turistas y todas las personas que lo requieran, un sistema de salud de calidad que garantice el derecho a la vida.

Dios bendiga nuestro Archipiélago!