Arquitectura nativa en decadencia

0

El techo rojo de zinc, la bohardilla, los ventanales con sus detalles de madera, los quiebres de tejados o aleros quebrados y el jardín alrededor, que eran las principales características de las viejas viviendas de arquitectura nativa, han empezado a desaparecer por completo para dar paso a estructuras de cemento, PVC o incluso de madera artificial.

La típica casa de habitación de la gran mayoría de habitantes de la época, la casita soñada, los caserones grandes cargados de nostalgia, de uno o dos pisos, la casa isleña normal y acogedora, pero también la casita isleña típica del menos pudiente, con sus colores vivos y llamativos, acordes con el clima y la geografía, donde se integraban el hombre y la naturaleza en una maravillosa integración con el entorno, donde el espacio se asociaba a los elementos de valor paisajístico como la vegetación, los árboles y el patio que las rodeaba, han ido desapareciendo por completo por cuenta de la acentuada pobreza de las comunidades nativas, el alto costo de mantenimiento de las estructuras de madera,  o por el paso arrasador del progreso, la falta de apoyo gubernamental que en el pasado incentivaba “la más bella casa isleña”, e incluso por la cultura mafiosa que también se arraigó en las islas donde se empezaron a copiar los modelos de las mansiones de los millonarios de otras latitudes.

Aunque muchas de estas edificaciones se resisten a desaparecer de la arquitectura antillana, muchas de ellas ya no están, abunda el cemento propio de las grandes urbes, dando paso a los bloques, adoquines, baldosas, prefabricados, hierro, gravilla y arena, que están dándole un entierro de quinta a la tradición local en un proceso evolutivo que demanda la necesaria existencia de voces que se alcen, que reclamen y añoren el pasado para detener las actuales costumbres de las generaciones presentes que así lo han sentenciado.

Comentarios
Cargando...