Columnista de el tiempo cuestiona manejo de la reconstrucción de Providencia y Santa Catalina islas

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Providencia vista desde el aire pocos días después de que el ojo del huracán Iota pasara por la isla

Por: Gabriel Cifuentes Ghidini, de El Tiempo

100 días y contando

Ante el olvido no solo crece la angustia, también el desapego de los isleños hacia su propio país.

14 de marzo 2021 , 12:46 a. m.

En una emotiva entrevista, Alberto Gordon May, presidente de la Autoridad Raizal de Providencia y Santa Catalina, declaró que su comunidad “no quiere pertenecer a ningún país”.

Advirtió además que los habitantes de la isla se han sentido atropellados por la forma en la que se ha llevado a cabo el plan de reconstrucción del archipiélago después del paso de Iota en noviembre de 2020.

Y es que ya han pasado más de 3 meses desde que el huracán echó al piso el 98 por ciento de las viviendas y de la infraestructura pública y sanitaria de la isla. Esos 100 días, que el Gobierno mágicamente cuenta a partir de enero y no desde la fecha en la que ocurrió la tragedia, no han dejado sino fotos de una comunidad que todavía está viviendo en carpas. Líderes como Fanny Howard y Ángel Britton acusan una falta absoluta de coordinación entre las agencias del Estado, así como también del desplazamiento de las comunidades y del mismo alcalde en la toma de decisiones. Alberto Gordon May incluso ha señalado que la gerencia para la reconstrucción de Providencia, a cargo de la directora del Departamento para la Prosperidad Social, Susana Correa, ha derivado en una serie de abusos frente a los derechos de consulta previa de los raizales. Denomina su gestión como “una dictadura gerencial y operativa”.

La situación no es fácil. A pesar de los esfuerzos de entidades como Findeter, el Gobierno ha ido corriendo los plazos de cumplimiento de las metas que fijaba el plan original, ese que se demoraron 45 días en iniciar.

Son tan críticas las condiciones en Providencia que a menos de 2 meses de que se inicie la nueva temporada de huracanes, que según la Oficina Nacional de Administración Atmosférica y Oceánica de los Estados Unidos (NOOA) será peor que la pasada, las soluciones de vivienda no han sido resueltas.

El plan original contemplaba la reparación de 877 casas y la construcción de otras 1.134. A la fecha han sido entregadas únicamente 6 residencias prefabricadas del Ministerio de Vivienda y 280 han sido reparadas sin las especificaciones técnicas necesarias. La construcción de nuevas soluciones habitacionales no ha iniciado aún y hasta abril se entregarán las primeras 50, es decir, menos del 2 por ciento del total.

Lo más preocupante es que, según la gerente Correa, la reconstrucción total no se logrará antes de marzo de 2022. En pocas palabras, existe una alta probabilidad de que los habitantes de la isla sigan en carpas incluso durante la época de huracanes que se avecina.

Pero el tema de las viviendas, si bien es el más urgente, no es el único que le preocupa a la comunidad. Denuncian que, a partir de la crisis, se ha pretendido avanzar con una serie de obras que habían sido descartadas por los mismos raizales desde 2015.

Entre otras, la construcción del muelle de la Armada Nacional o la del megaproyecto hotelero Mount Sinaí.

Sería lamentable que se aprovechara esta coyuntura para desconocer el legítimo derecho que tienen los habitantes de Providencia de decidir sobre iniciativas que puedan poner en riesgo su autonomía y su patrimonio cultural.

Más de 100 días han pasado desde que Iota borró completamente la colorida sonrisa de una comunidad que en 1822 decidió acogerse voluntariamente a la Constitución de 1821 y hacer parte de lo que se convertiría en Colombia. Hoy, ante el olvido histórico, no solo crece la angustia por la incertidumbre de poder sobrevivir a otra calamidad como la de noviembre, sino también el desapego de los isleños hacia su propio país.

Los que aún se mantienen en sus parcelas advierten que muchos otros han migrado. Denuncian también que no hay claridad sobre las donaciones, o de las ayudas para la reactivación de la pesca y el turismo, o del contenido de los múltiples planes que se quedan en un Excel en el Palacio de Nariño.

Hoy en Providencia reina la confusión, la incertidumbre y la desesperanza.

Lo que pasa en nuestro archipiélago es un campanazo de alerta. Debemos cuestionarnos la capacidad de respuesta y compromiso del Gobierno con sus ciudadanos. Si fallamos en responderle a una comunidad de solo 6.000 personas ante un hecho tan grave, ¿qué podemos esperar del Estado? ¿Nos quedó grande reconstruir a Providencia? ¿No hemos sido eficientes en la toma de decisiones y en el establecimiento de los mecanismos de consulta necesarios para garantizar la vida y subsistencia de unos compatriotas que hace más de 3 meses están viviendo literalmente en carpas y a la intemperie?

Van 100 días y contando. Mientras tanto seguimos siendo espectadores de cómo la ineficiencia institucional marchita a nuestros raizales. La velocidad con la que impacta un huracán seguramente no puede ser la misma de la del Gobierno que reacciona, pero sí es grave que la velocidad de respuesta de este último sea tan reducida que tan solo sirva para cortejar los próximos huracanes.

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