Debemos ser una gran industria rodeada de agua por todas partes

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Por Kike Archbold

San Andrés y Providencia son islas y como tal presenta problemas como cualquier otra isla del Caribe. Eso es lo primero que debemos entender y dejar de creernos a ratos exclusivos y que las cosas que pasan aquí son tan particulares que no suceden en ninguna otra parte del mundo.
En todo el Caribe, las islas tienen problemas de abastecimiento, costosos servicios públicos, dificultad para desarrollar infraestructura, erosión de playas, problemas de sobre población, pobreza, culturas e idiomas propios, problemas de natalidad, educación, altos costos de combustible, corta vida de edificaciones y vehículos debido a la oxidación, sobre población de vehículos particulares(carros y motos), en fin, lo mismo que pasa aquí, pasa allá; quizás en mayor o menor medida, pero pasa; es por eso que en vez de estar buscando soluciones para nuestros tan particulares problemas, deberíamos voltearnos hacia el Caribe y aprender cómo se enfrentan en otras partes.

Nuestras islas están sobrepobladas y esa población no puede abastecer sus necesidades básicas, no solo porque la mayoría no posee la capacidad económica para solventarlas, sino que sencillamente no existen y punto. Llevamos casi 200 años de la conformación de nuestra isla como parte de la República de Colombia y en todo ese tiempo, no hemos podido, ni nos han podido satisfacer estas necesidades, ni subsidiadas, ni extremadamente costosas. Es así como el servicio de agua no es constante, el alcantarillado es deficiente, la energía presenta problemas, el gas fluctúa en precio y abastecimiento, aun se hace por cilindros, la recolección de basura es deficiente, y ni hablar del manejo que se hace de las mismas.

Problemas hay por miles o millones, pero el secreto de la supervivencia en la isla lo dio Kid Pambelé hace años, cuando en una entrevista dijo: “Es mejor ser Rico que Pobre”; y tenía razón, el dinero no te quita los problemas, pero te los facilita y en eso centro mi visión de las islas: en el ingreso y la capacidad adquisitiva de los residentes del Archipiélago. No para que sean ricos, sino para que tengan con que satisfacer sus necesidades, y puedan solucionar en parte sus problemas como la compra de alimentos, el pago de la salud, la educación, los servicios públicos, sin tener que estar dependiendo de los subsidios que papa gobierno viene a intercambiar por votos y favorabilidad.

En varias conversaciones y mesas de trabajo se ha llegado a la misma conclusión y es que pesar de que las otras islas del Caribe presentan problemas similares a los de San Andrés, el ingresos de sus habitantes hace que estos puedan ser solventados, aun por personas que se considerarían pobres. Muy pocas son las islas del Caribe que dependen tan directamente de los subsidios como San Andrés, y en vez de concentrarnos en seguir llorando ante el papá gobierno para que nos dé o nos subsidie nuestras necesidades, debemos enfocarnos en mejorar la economía de la isla y eso se da a partir de una muy bien aceitada cadena de cambios que debe darse de manera paralela, para que nuestro territorio pueda surgir a su máxima expresión a partir de los recursos con los que cuenta.

Por la limitación del territorio, no podemos vivir del sector primario (agricultura y generación de insumos) porque físicamente es imposible lograr un equilibrio económico para sus habitantes; no podemos vivir del sector secundario, porque no tenemos industrias, y los insumos tendrían que llegar por barco o avión elevando los costos de producción, y terminaríamos con productos poco competitivos en precio; Solo nos queda el sector terciario o de Servicios, donde el principal insumo es la mano de obra y como ya todos sabemos, en la isla hay de sobra.
Mi visión sobre San Andrés y Providencia, es convertirlas en una gran industria rodeada de agua; una industria sin chimeneas en donde todos tengan una función, y trabajen y vivan en pro a su principal comprador: El Turista.

San Andrés y Providencia, no tienen más remedio que desbocarse al turismo; respirar, pensar, soñar y vivir el turismo, tal y como se hace en otros destinos de gran fama mundial como Hawaii, Thailandia, o Malaysia, en donde el turismo en vez de cenicienta sin presupuesto, es casi que una función presidencial y el más importante factor de desarrollo.
Y cuando hablo de Turismo, no solo me refiero en Sol y Playa, y trabajar en un hotel, sino en crear productos culturales, gastronómicos, y en torno a la cultura local; que desde las escuelas le enseñen a los niños la importancia del turista, de atenderlo, ayudarlo y sobre todo protegerlo, no solo de la inseguridad, sino de la mala atención, del abuso de avivatos que enriquecen sus bolsillos, pero perjudican los de los demás; en fin, hacer que los que vengan se sientan tan bien, que quieran regresar y recomendar las islas a todos sus conocidos.

Toda esa educación en torno al turista debe ir de la mano de la inversión nacional o extranjera en infraestructura. Necesitamos ser competitivos y contar con mejores instalaciones y atractivos que estén a la altura del precio que se cobra. Si algo he aprendido del turismo, es que el problema no es cuanto cueste (porque siempre van a haber personas dispuestas a pagarlo) sino, qué se ofrece por ese precio. Necesitamos más instalaciones con mejor atención y eso incluye contar con mayor personal. Si en la isla se abren las oportunidades, habría menos pobreza y por ende, menos inseguridad. Quien se arriesgaría a que lo maten o terminar preso, si de manera digna puede ganar un sustento que pueda abastecer sus necesidades básicas: bien remunerado, con horarios decentes, es decir, que le permita tener una vida digna sin tener que ver a los suyos pasar trabajo.

Junto a lo antes mencionado, también se necesita una identidad nativa, practicada por el raizal y conocida y estimulada por los no raizales que habitan el Departamento; esto sería un factor diferenciador de otros destinos del Caribe, y aunque se pueda llegar a pensar que me estoy contradiciendo con el primer postulado que hice, si bien hay otras islas con culturas algo similares a la nuestra, seriamos menos los competidores por captar a ese turista que quiere vivir esa experiencia.

Cuando hablo de conocimiento y estimulación de la identidad nativa me refiero a algo que mencionó el Pastor Raymond Howard en un discurso que dio en el aeropuerto hace un par de años al final de una manifestación, en donde invitó a aquellos que llevan años radicados en la isla a ponerse la camiseta de la Raizalidad; es decir, adoptar, entender y fomentar las costumbres locales, no abandonando las suyas, pero si reconociendo su existencia y significado, de manera que se entiendan las costumbres locales.

Una vez más cito experiencias de otros destinos turísticos exitosos, y en este caso traigo a colación lo que se da en Hawaii, una isla en medio del pacifico, perteneciente a los EE.UU., con una tradición local muy fuerte marcada por los indígenas Malayo—Polineses, y que aunque cuenta con una gran cantidad de inmigrantes de EE.UU. y otros sitios, la cultura se vive todos los días entre todos sus habitantes, y es muy común que todos el mundo (no solo los nativos) saluden diciendo Aloha, y agradezca con un Mahalo. Cosas tan sencillas como esas hacen que toda la población viva la tradición y los visitantes perciban a todos residentes como parte de una misma cultura.

“Al lugar donde fueres, haz lo que vieres” reza el dicho, y eso es lo que deberían suceder en la isla; en vez de ver el creole como una barrera que divide a residentes y raizales, deberían buscar como aprenderlo de manera que esa misma diferencia los termine uniendo. Conozco gente que lleva 20 años en la isla y hablan un poco de Creole, pero también conozco quienes llevan 30 y 40 años y no solo no lo hablan o entienden, sino que no les interesa aprenderlo y por el contrario les gustaría que se dejara de hablar.

A todo esto, hay que sumare un factor sostenible y sustentable que permita que los que vivimos en la isla no acabemos con el ecosistema, pero que tampoco haga inhabitable la isla para el ser humano, colocando la naturaleza por encima del ser humano. Este concepto se aprende en 6to (1ero de bachillerato) en clase de biología y se llama Simbiosis; ni nosotros depredamos, ni minimizamos nuestros derechos en priorizando la naturaleza.

Esa sería la cadena del desarrollo que visiono para las islas, pero como una cadena no se mueve sola, es necesario un motor que genere ese movimiento y estas son las autoridades en la isla. Como motor estas deben estar en la capacidad de mover todos los eslabones de la cadena del desarrollo, y el combustible de ese motor es el liderazgo. Necesitamos verdaderos líderes con visión que no obedezcan a caprichos personales o de partidos, sino que entiendan el concepto de desarrollo y trabajen en pro de que se desarrolló se dé a toda costa (No siendo fatalista), sin permitir que intereses particulares premien sobre los generales, aun cuando estas acciones representen un costo político o de popularidad. Necesitamos un líder que sea como un padre que regaña a su hijo y lo hace cumplir órdenes que muchas veces son molestas, pero que a la larga entendemos que son para nuestro beneficio. Quizás hasta tenga que tomar decisiones un poco tiranas, pero necesarias para la supervivencia de nuestra especie (isleños en general; raizales y no raizales). Es la ley de la naturaleza; como cuando una madre abandona a un hijo para poder sacar adelante a los otros (recalco, no siendo fatalistas), pero estos sacrificios son necesario y deben ser entendidos. Quizás ese líder durante su gobierno no va a ser el amigo de todos y el más popular, pero con el tiempo, la gente comenzará a reconocer su papel dentro del desarrollo y pasara a la historia como el generador de un cambio positivo para las islas.

Ese líder puedes ser tú, como puedo ser yo; cada uno aportando desde su óptica, cual hormigas trabajando en distintas labores para el bien del hormiguero. Esa es mi visión de la isla, y te invito a que sumes tu visión a la mía y a la de todos, porque aquí ninguno tiene la última palabra, y esta construcción que tanto sonamos se debe hacer entre todos, o de lo contrario siempre se desmoronará.

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