Editorial de The Archipielago Press, edición 664 de agosto 21 de 2018

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El entrante jefe de Estado cumplió su promesa de visitar como primera región de Colombia a efectuar su primer acto de Gobierno en la isla de San Andrés donde era esperado con muchas expectativas por sus anuncios y reuniones.

No obstante resultó bastante lamentable que el manejo de la agenda y de los actores o protagonistas que debían interactuar con él señor presidente de la República, fueran definidos por el saliente Gobierno y sus aliados en la región, dejando por fuera a sus copartidarios del Centro Democrático y sus líderes o voluntarios, para darle protagonismo a opositores o adversarios políticos del Uribismo en el Archipiélago. Aun así hay que indicar que ya Duque no es el miembro de un partido político sino el presidente de todos los colombianos y no se debe solo a su colectividad sino a todo el conglomerado nacional.

Es entendible que en las primeras de cambio, un día después de la posesión, los desplazamientos del Presidente dependieran más de los salientes encargados del manejo del Protocolo de la Casa de Nariño, y que por ello, tanto la agenda temática como de invitados estuviera influenciada por el Gobierno de Santos y sus colaboradores y aliados en el Archipiélago, pero se esperaba que en la definición de la agenda e invitados hubiera tenido más decisión el nuevo Gobierno y sus colaboradores, con lo cual no se habría generado el malestar que se causó en los miembros de nuestra novel colectividad, pero cuyo trabajo en el archipiélago permitió una votación histórica para Presidente de la República en las islas, quienes sintieron que en el primer acto del Jefe de Estado en la región, fueron apartados.

De otro lado resultó bastante deplorable la presencia del ex consejero presidencial Juan Guillermo Ángel Mejía en la comitiva presidencial del Dr. Iván Duque Márquez, como quiera que en el Archipiélago es muy recordado su comportamiento de “Virrey”, y promotor de politiquería, así como su responsabilidad en algunos lastres que no permitieron el mejor desarrollo de los proyectos y programas del presidente Álvaro Uribe Vélez en el Archipiélago, ya que se convirtieron en problemas y no soluciones, como por ejemplo el caso de la empresa de Acueducto y Alcantarillado, Proactiva, la cual lejos de resolver nuestros problemas de saneamiento básico, ha sido un serio obstáculo al problema de alcantarillado sanitario y suministro de agua potable en San Andrés.

Fue tan desafortunada la visita del señor Ángel Mejía a la isla, que medios de prensa, líderes de opinión, redes sociales, y habitantes del común, todos a una, rechazaron su regreso al territorio insular, actualmente en la Asamblea Departamental se promueve su declaratoria de Persona Non Gratta en las islas y tanto al presidente Duque como a su círculo más inmediato se le expreso tanto en público como en privado la negativa de la comunidad a aceptar al Dr. Ángel Mejía en cualquier nivel de interlocución entre el Gobierno Nacional y el Departamento. En resumidas cuentas, al Dr. Ángel Mejía no lo quieren ni Raizales ni residentes del Departamento; un hecho político que puso de acuerdo a Raizales y Residentes y que opacó la visita presidencial.

Igualmente resulta lamentable que a pesar de haber sido una promesa den campaña tanto la visita del Jefe de Estado al Meridano 82 para ratificar la soberanía histórica de Colombia sobre los limites históricos del Archipiélago y el anuncio de una convocatoria a Consulta de los colombianos para que decidan si acatan o no el fallo de la Corte Internacional de Justicia, CIJ (La Haya), el Jefe de Estado no solo no hizo ninguna de las dos, sino que en sus declaraciones públicas o de prensa, el tema del fallo de La Haya, ni siquiera fue objeto de tratativas.

Por otro lado también es deplorable que habiendo ganado las islas una participación en los dos gobiernos anteriores al nivel de Viceministerio y Consejería para Departamento, el Gobierno no solo nos trajo al Dr. Juan Guillermo Ángel Mejía, con la intención de designarlo en la Consejería en la que el Gobierno de Juan Manuel Santos designó a una ciudadana raizal, sino que además, el viceministerio de Turismo que estaba en cabeza de otra ciudadana Raizal, fue entregado a la Costa Atlántica, con lo cual la llamada representatividad de toda Colombia en el Gabinete del nuevo Gobierno no se cumple para el caso de San Andrés, que lejos de ganar, pierde posiciones en la estructura del Estado en la que incluso hay una deuda histórica con el Archipiélago,  que nunca ha sido tenido en cuenta para la designación de un oriundo de las islas para un alto cargo gubernamental.

No menos grave es la infiltración política que tratan de ejercer en el nuevo Gobierno los ex representantes a la Cámara Jack Housni Jaller y Julio Gallardo Archbold, quienes tras ser derrotados por el electorado del Archipiélago, y “viudos del poder” intentan reencaucharse política y burocráticamente, y dieron muestra de tal capacidad y ascendiente durante la visita oficial del Jefe de Estado a instancias de sus aliados en el saliente Gobierno de Santos y en el Gobierno Departamental, para robar el protagonismo, pasando por encima del partido que eligió al presidente Duque, y siendo la agenda de éstos la que en última se desarrolló en algunos eventos centrales de la visita del Jefe de Estado, como es el caso del encuentro con empresarios en la Cámara de Comercio de San Andrés.

No puede el presidente de la República desconocer al partido de gobierno en las islas en la conformación de la estructura estatal en el Archipiélago, despreciando o desconociendo a sus integrantes, muchos de estos profesionales que de manera voluntaria acompañaron su candidatura, sino que además no puede equivocarse el Gobierno en dar señales erróneas al reencauchar a políticos que han sido derrotados por el pueblo de las islas, y que éstos conserven la captura del Estado en el Archipiélago, por que se enviaría un pésimo mensaje en la lucha contra la politiquería, el clientelismo y la corrupción, y contribuye al atraso social que viven las islas por cuenta de una clase política que debe ser renovada y por lo cual la propia sociedad isleña decidió sacarlos de circulación.