Es el momento de la «Economía Azul» para Colombia.

San Andrés seria uno de los destinos para el desarrollo de este modelo de desarrollo en el mar

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José Roberto Concha ( jefe del departamento de mercadeo y negocios internacionales de la universidad Icesi)

Hoy está de moda, por iniciativa del gobierno central colombiano, la «economía naranja» como una manera de crear un nuevo impulso para el desarrollo del país. Esta economía se define como el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual.

Es conveniente mirar también el océano Pacífico, sus ventajas comparativas, la fauna y flora, el ancestro cultural y gastronómico, y dinamizar esta olvidada costa con proyectos de infraestructura y beneficios tributarios que atraigan a empresas e investigadores.

Pero la economía tiene diferentes colores y no debemos olvidar la «economía azul», aquella que «reconoce la importancia de los mares y los océanos como motores de la nación por su gran potencial para la innovación y el crecimiento»,​ según definición de la Unión Europea.

Para los países en el mundo que gozan de costas marítimas, esta ventaja competitiva se ha convertido en su gran oportunidad del siglo XXI para abrirse mercados internacionales, provocar un auge del turismo y gozar de las enormes posibilidades que la vida marítima ofrece.

El desarrollo de la «economía azul» no solo es turismo. Es pesca, acuicultura, energías marinas, astilleros, actividad mercantil en puertos, deportes náuticos y ciencia marítima. El Reino Unido es en Europa, con 40.000 millones de euros anuales, el país que más riqueza azul genera, seguido por España, con 23.000 millones de euros, generando empleo para más de 700.000 personas. Los ingresos de España por esta economía son equivalentes al 74% de todas las exportaciones colombianas en 2018.

Colombia, con 2.900 kilómetros de costa en los dos océanos, es el único país en Sudamérica con esta riqueza de geolocalización, la cual aún estamos lejos de aprovechar debidamente. Iniciando por el mar Atlántico, tenemos el archipiélago de San Andrés y Providencia, y su mar de siete colores. En general, en el caribe colombiano se ha hecho un desarrollo turístico importante en los últimos años, que ha proyectado nuestro país al exterior; se ha dinamizado el turismo de cruceros y hemos modernizado nuestra estructura hotelera. Pero aún nos falta mucho en otros sectores de la economía azul en esta región, aunque indudablemente ya le estamos sacando provecho.

Sin embargo, es conveniente mirar también el océano Pacífico, sus ventajas comparativas, la fauna y flora, el ancestro cultural y gastronómico, y dinamizar esta olvidada costa con proyectos de infraestructura y beneficios tributarios que atraigan a empresas e investigadores a desarrollar proyectos que cambien el panorama que tienen nuestro mar Pacífico, de pobreza, violencia y cero esperanza, por un ambiente dinámico y prometedor.

Importante que nuestras autoridades promuevan un plan de crecimiento azul en el litoral Pacífico con una visión integral, apoyada por las universidades, centros tecnológicos y sociedad civil. Que el plan se materialice con retos y oportunidades en diferentes áreas del conocimiento, como energía azul, biotecnología, pesca, marinas deportivas y náuticas, transporte marítimo y turismo. ¿Será que estamos pensando muy en grande y no seremos capaces de desarrollar el futuro que allí tenemos, con las hermosas playas de Juanchaco, Ladrilleros, Terquito, Guachadito, Boca Vieja, Termales y Verde?