Ex Ministro de hacienda y exdirector del Plan Archipiélago advierte que reconstrucción de Providencia debe manejarse con alguien que este directamente en el terreno y no en el Palacio de Nariño

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Exministro Rudof Hommes. Imagen de Caracol

Compartimos este artículo de la revista semana, en donde se habla del Plan San Andrés, el cual dejó muchos interrogantes y dudas en este Archipiélago:

La Entrevista, Por Luis Carlos Vélez

“En San Andrés me di por vencido”: Rudolf Hommes, exministro de Hacienda

Hommes explica los problemas de San Andrés que le hicieron renunciar al proyecto del cual fue director en el Gobierno anterior para mejorar las condiciones de la isla. Hommes asegura que luego del paso del huracán Iota, lo más importante es diseñar un plan de reconstrucción, que dé orden a la prestación de servicios públicos y a la infraestructura.

11/22/2020

Luis Carlos Vélez: ¿Lo que pasó en San Andrés y Providencia era evitable?

Rudolf Hommes: Yo no me atrevo a concluirlo, pero si hubiéramos entendido que iba a pasar lo que pasó, lo ideal habría sido evacuar o crear refugios en la montaña. No creo que alguien haya anticipado ese huracán de semejante magnitud. Nos cogió a todos de sorpresa, lo que me lleva a pensar que no era evitable.

L.C.V.: ¿Qué hace que en San Andrés y Providencia no pueda haber una infraestructura decente?

R.H.: Ha habido contratistas que no han cumplido con las obras. La carretera circunvalar de Providencia tuvo muchos problemas; ahí hay malos manejos y malos contratistas. Pero tampoco creo que con una mejor infraestructura esto hubiese sido distinto. Nadie creía que la intensidad del huracán iba a llegar a cinco, y nos cogió sobre el centro. Primero dijeron que era de cuatro, y luego el aumento de cuatro a cinco fue impredecible. Además, todo en las islas es muy endeble. Nosotros teníamos una casa de madera bien hecha que se construyó de acuerdo con los estándares de la isla. También desapareció.

L.C.V.: ¿Quiénes son los culpables de la corrupción en la isla?

R.H.: Creo que los culpables son todos. La gente allá cree que el Gobierno es para hacer matas. Eso no solamente ocurre en San Andrés, sino en muchos otros municipios en Colombia. Cuando yo salí del ministerio, que salí endeudado, vecinos de la zona me dijeron que no creían que fuera tan pendejo. “I didn’t think you were a fool” exactamente, en inglés. Con eso le digo todo.

L.C.V.: ¿La corrupción se da por abandono estatal?

R.H.: Es costumbre. Sí ha habido abandono estatal, aunque hay mucha indiferencia, pues la corrupción es un mal del sector público. Se da en ciertas regiones del país más que en otras, pero en general es del sector público y, en algunas ocasiones, auspiciado por el sector productivo.

L.C.V.: Cuando a usted le pidieron que se encargara del proyecto para la reconstrucción de San Andrés, ¿qué fue lo más difícil?

R.H.: No de la reconstrucción, porque en ese momento no había nada destruido. Lo que estábamos buscando era tener unas condiciones de vida para compensar la pérdida del mar. En ese momento se había perdido el pleito con Nicaragua, por lo tanto les estaban poniendo restricciones a los pescadores en aguas que antes eran nuestras. El Gobierno, para compensar, quiso hacer unos programas de inversión allí, pero en realidad nunca logramos hacer lo que nos propusimos. Había un plan para mejorar ostensiblemente los servicios públicos de las dos islas. Estoy hablando de electricidad, agua, alcantarillado, recolección de basuras y desechos, transporte. Todo eso estuvo planeado en proyectos muy elaborados, y simplemente no se hicieron en parte porque las autoridades de la isla no quisieron.

L.C.V.: ¿Se opuso el Gobierno local?

R.H.: Le doy un ejemplo. El sistema de transporte necesitaba 25.000 millones, y la alcaldesa de entonces no quiso. Se invirtieron recursos para el hospital y no los gastaron porque no encontraron un contratista amigo. Y, finalmente, también hubo falta de organización en el Gobierno central, así como malas ideas. Teníamos la idea de un ferri, que ya estaba cotizado y la Armada lo iba a comprar, pero a algún almirante se le ocurrió que era mejor comprar un sistema de ferris. Entonces no iba a ser un ferri, sino diez. Y entendí que hasta ahí había llegado mi idea del ferri.

L.C.V.: Y entonces ahí usted decide no continuar…

R.H.: Renuncié por incapacidad y me di por vencido. Primero, porque no estaba ganando honorarios, estaba pagando mis propios pasajes y, además, me aburrí de las discusiones con el Gobierno central. Me dio pereza y me fui.

L.C.V.: Y cuando usted les informó que no continuaba, ¿qué le dijo la administración Santos?

R.H.: Se pusieron bravos, pero no me dijeron nada. Solamente quedaron bravos.

L.C.V.: ¿Qué deben hacer los ciudadanos y las autoridades para que este tipo de cosas no pasen?

R.H.: Hay dos académicas que hicieron un paper muy importante con ideas claras para responder. Se trata de Laura y June Marie Mow. Ellas, que conocen muy en detalle los protocolos para las islas del Caribe, dicen que deberíamos estar pidiendo asistencia en Florida para que nos ayuden a organizar un programa bien articulado. En Providencia no hay quién responda directamente, las personas no tienen alojamiento, no hay agua ni electricidad y no está nadie a cargo. Eso no se puede manejar desde la Presidencia de la República; eso hay que manejarlo en el departamento y en el municipio. Hay que crear unidades de gente que se encargue únicamente de la comida, por ejemplo. Otra unidad que se haga responsable del alojamiento, y eso lo coordina un jefe que responde viendo a las personas y que toma decisiones. Eso no está ocurriendo.

ML.C.V.: ¿Esas personas deberían depender de algún ministerio?

R.H.: Creo que se debería acudir a la Armada, que son organizados y tienen todos los mecanismos de comunicación. Eso depende del Ministerio del Interior, pero, en este caso, me parece que un capitán con experiencia y autoridad debería estar a cargo tomando decisiones, viendo a la gente y resolviendo los problemas. Lo que hay es un equipo de Palacio tratando de ayudar de buena fe y de buena voluntad; sin embargo, se necesitan cargos permanentes allá.

L.C.V.: ¿Cómo le parece que lo ha hecho este Gobierno con San Andrés?

R.H.: Lo que hemos tenido con San Andrés y Providencia ha sido un no muy amable desentendimiento, y eso ha sido tradicional. Esa es la razón por la que esa relación no funciona tan bien, y no es algo de este Gobierno, sino de todos los anteriores.

L.C.V.: ¿Cómo se hace para reconstruir esa relación?

R.H.: Yo creo que con buenas obras y no tantas palabras. Esta vez tenemos no solo que reconstruir por el huracán, sino hacer un plan a largo plazo para que funcione bien. En el caso de San Andrés, es un caos en planeación urbana. Providencia es diferente porque esa isla se convirtió en un refugio para las personas que tal vez no querían que les llegara la bola de turismo. San Andrés es un desorden terrible, y hay que pensar cómo evitar, en la reconstrucción, los errores del pasado en servicios públicos y transporte. La isla está sobrepoblada y hay tensiones raciales fuertes. Eso no pasa en Providencia porque se ha manejado de una manera distinta. Sin embargo, también quedó completamente destruida, como si le hubieran pasado una aplanadora por completo.

L.C.V.: ¿Qué más haría usted si tuviera la oportunidad de volver a reconstruir la isla?

R.H.: Insisto. Hay que pedirle ayuda a Florida o a Jamaica para ver cómo se organizaron. En cada municipio debe haber una persona que tenga la responsabilidad. Y un equipo que trabaje para él: el encargado del alojamiento no puede ser el mismo encargado de la cocina, y tampoco el mismo que esté buscando los medicamentos. Cada uno tiene su responsabilidad y está en capacidad de actuar y de responder.

L.C.V.: ¿Y para que haya una mejor organización en la infraestructura?

R.H.: Hay que consultar a la Sociedad Colombiana de Arquitectos y a las universidades para que le ayuden al país con un plan de urgencia sobre cómo hacemos una reconstrucción armoniosa en San Andrés y en Providencia, respetando la arquitectura local, que es maravillosa, y evitando los errores del pasado. Por ejemplo, la generación de energía de San Andrés es costosísima porque es con diésel y no con gas. Es fundamental poner energía renovable y hacer una planeación racional. En la emergencia tiene que haber gente de la Armada resolviendo problemas.

L.C.V.: ¿El problema de San Andrés también pasa por el centralismo? ¿Sería bueno darle más independencia a San Andrés para que asuma su rumbo con más recursos?

R.H.: San Andrés como departamento está bien. Ya es suficiente autonomía, tal vez demasiada, porque no hay quién los controle. Eso pasa con muchos gobernadores y alcaldes porque en el diseño de la descentralización se nos olvidó ponerles un superintendente, y ahí yo soy culpable. Lo que necesitamos es una actitud distinta tanto de ellos hacia nosotros como de nosotros hacia ellos. Pero en este momento lo único que cabe es la absoluta solidaridad.