La alegre felicidad, el romanticismo, la promoción turística y el ornato público que ofrece el alumbrado navideño vale la inversión hecha. Lo demás es oscuridad en el alma de quienes se oponen a todo

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Por César Pizarro B

Basta ver la reacción de los seguidores de The Archipiélago Press  (41.250 personas alcanzadas solo en Facebook sin incluir Twitter, Instagram y website) para darnos cuenta que en la mayoría de lectores nuestros la instalación del alumbrado navideño cayó bien, y que son sectores políticos locales, aliados con sectores políticos en la ciudad de Barranquilla, y ONGs que ahora pretenden en paralelo ejercer el Gobierno de las Islas, los que han politizado el tema que tanto alegría como buena promoción a San Andrés le ha causado en apenas dos días de encendido, borrando de la retina de los turistas, las imágenes de destrucción que nos dejaron los huracanes, y las tristezas que nos han dejado la Pandemia y la Violencia.

Es que la vida no termina ahí, la vida sigue, y la isla tiene que seguir viva.

La ciudad también necesita alegría en un año difícil. La ciudad necesita vestirse para los que la vienen a ver.

Resulta lamentable esa inveterada costumbre de criticarlo todo, incluso por aquellos que habiendo pasado por la Asamblea y habiendo tenido el manejo burocrático de la Secretaria de Hacienda, reprochan que con ese presupuesto no se hayan comprado láminas de techo para los damnificados, cuando saben que no se puede dar destinación distinta a rubros presupuestados por la Duma desde el año anterior al de la vigencia fiscal que se ejecuta, cuando se aprueba en otro Gobierno y periodo el respectivo presupuesto de rentas y gastos de capital.

Malo porque si, y malo porque no. Han sido diez meses de crisis sanitaria por Pandemia, Calamidad pública por dos huracanes y una ola Invernal, inestabilidad política por la situación del gobernador titular, ola criminal por la tasa más alta de homicidios, crisis socio económica por la parálisis absoluta del aparato productivo tras el cierre total de la hotelería y el comercio por siete meses, pérdida del empleo, quiebra de muchos negocios.

Cómo creen que puede estar el ánimo de los isleños?. Por el suelo, cierto; abatidos.

Cuánta gente hoy está de sicólogo. Cómo puede estar la salud mental de la gente de las islas?

Es que acaso no tenemos derecho a un bálsamo, a un respiro, a una alegría que nos haga olvidar tantas afugias en un año de muerte, destrucción, inundaciones, etc.

Pero a los opositores a ultranza, en su infinita mezquindad política se les ocurre que no tenemos derecho a un alumbrado que nos alegre un poco el alma.

Acaso no tenemos derecho a vestir la ciudad para mostrarle al mundo que ya estamos recuperándonos, que los turistas no tengan por estos días en su retina la destrucción de Providencia y las ruinas del sur de San Andrés?

Que también sepan que pueden venir a ver cosas lindas en la isla además de las playas que ahí siguen.

Nos falta ser algo más  sensatos, más humanos, más sensibles, más empáticos, más espirituales.

Tenemos derecho a esto, y reclamamos ese derecho. Ese presupuesto era para eso y para nada más. Y eso le alegra el espíritu y en alma a mucha gente en medio de las tristezas por las perdidas humanas que nos han dejado la Pandemia, los huracanes y la criminalidad. Los que no podrán disfrutar un alumbrado en sus casas, lo podrán hacer en las vías y plazas públicas.

Si a estos opositores a todo, en su infinita mezquindad les parece mucho, lamento que su alma no tenga la tranquilidad de admirar las cosas que alegran el espíritu de las personas.

Dejen trabajar a los que le están poniendo el pecho a la brisa, y respeten el derecho del colectivo a permitir que los demás gocen las cosas buenas que le alimentan su espíritu y su alma, sin que los mezquinos vengan a destruirlo.

La salud mental de la comunidad, el ornato y la promoción turística que se logra con estas cosas que ha muchos les parecen insignificantes, superfluas innecesarias,  en un mes donde todas las ciudades atraen con sus alumbrados es una buena inversión.

Sobre todo en este momento  en el que todos los potenciales turistas tienen en su mente que San Andrés está destruida, quién va a venir a la isla así, si no mostramos una cara distinta de la destrucción que nos dejó Iota y Eta?