La gran mentira

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El Ojo del Halcón 

Por Rubén Darío Mejía Sánchez 

Dice el adagio popular que “acciones son amores y no buenas razones” y lo que estamos viendo en estos momentos es que el pueblo colombiano aguanta demasiado y esperamos no ser aves de mal agüero, pero la obsesión y la lucha sin cuartel del presidente Santos por obtener la paz antes de dejar el cargo lo estamos viendo en este momento en blanco y negro y lo estamos viendo, porque da la impresión que la mesa de delegados de La Habana por parte de las FARC es una cosa y otra cosa los que siguen combatiendo en las montañas colombianas.

No hablo de los atentados del fin de semana en Bogotá, hablo de la gana de hablar de algunos delegados del grupo subversivo, que lo hacen sin pensar, sin haberse puesto de acuerdo con sus compañeros o que lo hacen simplemente para figurar, como el delegado que salió a decir que volvería la famosa operación pistola que tanto hizo sufrir a los colombianos y que derramó tanta sangre en la época del narcotráfico; horas más tarde salió a decir que se le había tergiversado lo que había respondido a un medio de comunicación, lo que consideramos de gran irresponsabilidad, porque hay que tener en cuenta que los oídos y los ojos están puestos en Colombia y que son muchos los esfuerzos que se han hecho para que dé un momento a otro los dejemos ir por la letrina.

Otros dos dirigentes de ese mismo grupo subversivo han salido a decir que la responsabilidad de lo que está sucediendo la tiene el Gobierno y vuelven a la repetición de la repetidera del problema social que ha tenido que soportar el país por décadas, y que fue la base fundamental del nacimiento de las FARC, pero no se miran sino las cosas malas del Gobierno y muchos trabajos que se están haciendo casi en silencio no son tenidos en cuenta, como es la lucha para erradicar el analfabetismo y buscar la forma de que se fomente el empleo en un pueblo bastante mal educado y poco comprensible, que quiere ganar mucho dinero, pero de manera fácil, sin ningún esfuerzo, sin estudiar y sin cumplir con sus responsabilidades.

No le creo a las encuestas que dejan mal parados a Juan Manuel Santos y a su gobierno; quiero aclarar que no soy santista, pero tampoco soy ciego para no ver que las cosas se están haciendo, que se está trabajando para tener vías de penetración, que se está dando oportunidad para que los estudiantes pobres logren créditos y que quienes no tienen un techo puedan tenerlo de manera que puedan pagarlo y que no sean que siempre se les de todo regalado; porque para algunos gobiernos lo mejor es formar pueblos limosneros e incapaces, a los que se les da todo y a los que se les puede adecuar perfectamente aquello que dice que “al vulgo hay que darle pan y circo”; pero en Colombia eso es un error porque el colombiano está hecho de una madera bastante fina, de unas bases, que aunque se han ido perdiendo son de gente honesta, gente trabajadora, gente echada para delante y que no necesitan que se les regale nada.

Es verdad que los padres de familia actualmente no educan a sus hijos y que se han dedicado llana y exclusivamente a darles todo lo que les piden y que para descargar sus responsabilidades han acudido a la tecnología, como son la televisión, el internet, los videojuegos y los teléfonos móviles, sin interesarles que aprenden o que compañías pueden conseguir por estos medios, con tal de que les dejen la vida en paz.

El proceso de paz está herido y vuelvo y repito lo que dije hace algunas semanas, “para que haya amor se necesitan dos” y repito que para que haya paz se necesita que cedan dos, los que atacan y los que se defienden para lograr el mismo objetivo que comienza por el respeto mutuo.

Da pena ver las declaraciones del Jefe máximo del ELN, cuando horas después de los atentados en la capital colombiana, en donde han demostrado ser sus autores, salga a decir que están dispuestos a hacer un diálogo y acuerdos para alcanzar la paz, pero casi que dicen entre comillas que las cosas se hacen como ellos lo propongan y es lo que está tratando de hacer de una manera o de otra las FARC, cuando exigen a cuello alto, de una o de otra manera que debe de llegarse a un cese bilateral y es cuando el Gobierno debe de mostrar su fortaleza y no decir a todo que sí, porque está perdiendo su credibilidad ante los colombianos y esperamos que no pase lo mismo ante otras latitudes del mundo.

El asunto se ha puesto serio y tanto el Gobierno como las FARC deben de hablar el mismo idioma, si va a haber acuerdo para que un día se logre firmar la paz en el país, de lo contrario estamos perdidos y no sabemos si los ataques de los grupos guerrilleros afectan no solo el proceso de paz sino la imagen del Gobierno y de los mismos grupos guerrilleros, que en caso de ser necesario reafirmar el apoyo del pueblo en un referendo, estamos casi seguros que sería bastante negativo.

No es bueno cuando hay que hablar por los que no tienen voz y decir lo que ellos sienten, pero es más decepcionante cuando uno pide de todas formas que se llegue a acuerdos positivos, para un día antes de partir de esta vida terrenal, tenga uno la satisfacción de decir que vivió en un país que alcanzó la paz y no obtener nada.

No hay que perder más tiempo, nos damos cuenta que el tiempo corre o mejor vuela y en un abrir y cerrar de ojos estaremos en los próximos comicios presidenciales y como están las cosas no se ve un panorama favorable de que quien suceda a Juan Manuel Santos, como están las cosas, esté en condiciones de continuar los interminables diálogos de paz, por lo que el gran consejo es aprovechar el tiempo para que no tengamos más adelante decir como decía mi abuela “el tiempo perdido lo cobra Dios y lo lamentan los santos”.

rudames@gmail.com