“Narcotráfico ya no es visto como fuente de riqueza si no generador de violencia en San Andrés”

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A esa conclusión llega un documento de trabajo sobre economía regional del Centro de Estudios Económicos Regionales del Banco de la República de Cartagena, cuyo autor es Andrés Sánchez Jabba, titulado “Violencia y narcotráfico en San Andrés”.

Dice el autor que “por formar parte de algunas de las principales rutas del narcotráfico, el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina siempre ha estado permeado por esta actividad ilícita. A pesar de ello, esta es una zona históricamente ha tenido una baja incidencia de la violencia. Sin embargo, recientemente hubo un recrudecimiento de la misma en San Andrés, el cual se debió a las disputas entre bandas criminales por el control del negocio del narcotráfico. Esto implica que la violencia en la isla no es reactiva al conflicto armado, sino a este tipo de disputas territoriales entre delincuencia organizada.

“Se propuso el deterioro del capital social como el porqué de la diferencia de la tasa de homicidio de San Andrés con respecto a Providencia. Esto, teniendo en cuenta que ambas islas prestan sus servicios al narcotráfico, pero sólo en la primera se presentaron episodios de violencia. Dicho deterioro se explica a partir de la continentalización de San Andrés, hecho que implicó el rompimiento de una estructura social basada en la confianza y la colaboración entre los miembros de la comunidad, la cual se habría configurado durante décadas”, argumenta el autor.

Advierte que la ola de violencia ocurrida en San Andrés entre 2009 y 2011 refleja el hecho de que a pesar de que la tasa de homicidio nacional siguió una tendencia decreciente en el período 2002-2011, en algunas regiones colombianas las condiciones de seguridad se deterioraron considerablemente como consecuencia de los procesos de desmovilización de los paramilitares. El caso particular de San Andrés muestra que la violencia derivada de estos procesos se puede trasladar a otras regiones colombianas, incluso tan remotas como esta isla.

“Por lo tanto, se puede concluir que es necesario evaluar la forma cómo se gestan los procesos de desmovilización de los grupos al margen de la ley. En particular, es imperativo garantizar que las políticas de reinserción eviten la reincidencia delictiva. De lo contrario, la situación resultante podría ser incluso peor, ya que las disputas entre las bandas criminales disidentes de un grupo armado desencadenan en episodios de violencia cuya incidencia es mayor en comparación con el status quo. Igualmente, es necesario revisar las políticas de desarrollo del archipiélago, ya que una de las razones por las cuales la población isleña se vincula al narcotráfico subyace en el abandono estatal y la falta de oportunidades de desarrollo, sobre todo para los raizales, quienes son los más propensos a involucrarse en el tráfico de drogas. En ese orden de ideas, es necesario mitigar y corregir la falta de planificación y sostenibilidad que ha caracterizado por varias décadas el desarrollo insular.”

Qué sucedió en San Andrés?

El comportamiento de la tasa de homicidio sanandresana refleja que ésta siempre fue una zona comparativamente pacífica, a pesar de su relación con el narcotráfico. Sin embargo, hacia finales de la década de los ochenta y principios de los noventa la tasa de homicidio nacional, así como la sanandresana, alcanzaron un máximo histórico, hecho que se relaciona con las consecuencias negativas derivadas del surgimiento de los grandes carteles de la droga. Una vez estos se desintegraron, la tasa de homicidio sanandresana volvió a disminuir hacia sus niveles comparativamente bajos.

. Sin embargo, a partir de 2009 se produjo un recrudecimiento de la violencia en San Andrés. Para 2011 las tasas de homicidio de San Andrés y Colombia fueron equivalentes, y aunque una parte de ello se debe a la reducción de la tasa nacional, lo cierto es la mayor parte corresponde al incremento del 135% en la tasa de homicidio sanandresana entre 2009 y 2011. Ese ´último año San Andrés fue un municipio comparativamente violento, pues se ubicó en los quintiles asociados con los mayores niveles de violencia.

Lo que llama la atención es que el recrudecimiento de la violencia en San Andrés no es consistente con la tendencia decreciente que caracterizó el comportamiento de la tasa de homicidio nacional a lo largo de la última década, pues con excepción de la época del auge del narcotráfico (1989-1993), San Andrés permaneció como una zona relativamente pacífica. Y mientras en el continente los grupos armados sostenían una guerra con el Estado, los pequeños grupos narcotraficantes de la isla se dedicaron exclusivamente a prestar los servicios de transporte de la droga.

¿Qué desencadenó la ola de violencia en San Andrés?

La respuesta se puede asociar con el surgimiento, en el continente, de las bandas criminales (Bacrim). De acuerdo con Sánchez, a partir de 2007 el proceso de desmovilización de las autodefensas desencadenó un recrudecimiento de la violencia en zonas donde estas ejercían un amplio control territorial. La desmovilización significó la conformación de grupos disidentes de delincuencia organizada que se enfrentan por mantener el dominio sobre las actividades económicas ilícitas que eran controladas por las autodefensas. Con el objetivo de tener el dominio sobre toda la cadena de producción de narcóticos, dichas bandas decidieron controlar el transporte de la droga; no solo su producción. Por ende, San Andrés figuró como una zona estratégica para estas estructuras criminales. Con su incursión en la isla, las Bacrim empezaron a extorsionar a los carteles de narcotraficantes que tradicionalmente habían operado en ella, cobrándoles por operar las rutas del narcotráfico.

Como resultado de lo anterior, y como sucedió en el continente, se desencadenaron una disputa entre bandas criminales por el control del narcotráfico, lo que se refleja en el incremento de la tasa de homicidio a partir del 2009, y que alcanzó su máxima expresión en 201. Una prueba de ello subyace en el hecho de que en 2011 fueron capturados 29 integrantes de bandas criminales, mientras que en 2010 y 2009 no se produjeron este tipo de capturas.

El hecho de que estos enfrentamientos se produjeran en una isla contribuyó al aumento la violencia, ya que el estrecho espacio facilitó el ajuste de cuentas y sicariato entre los distintos grupos delincuenciales. En ese sentido, la situación en San Andrés es equivalente a los enfrentamientos entre las Bacrim en el Bajo Cauca o Chocó, zonas que se encuentran entre las principales productoras de coca en Colombia, además de ser corredores estratégicos para el envío de la misma hacia los Estados Unidos.

El recrudecimiento de la violencia cambió por completo la forma cómo la comunidad sanandresana se relaciona con el narcotráfico. Ahora el narcotráfico no se asocia con una fuente de ingresos alternativa y sin relación con el homicidio. Por el contrario, el problema ha adquirido otra dimensión y, por lo tanto, mayor visibilidad, puesto que se traduce en la pérdida de una alta cuota de vidas humanas, lo que lo convierte en uno de los mayores problemas sociales de la isla.

Sin embargo, ese no es el caso. Por el contrario, Providencia siempre se ha caracterizado por ser uno de los municipios más pacíficos de Colombia; entre 2002 y 2011 no se presentaron casos de homicidio, lo que le permitió mantenerse en el quintil asociado con la menor incidencia de la violencia.

A diferencia de Providencia, en San Andrés el capital social pudo haberse deteriorado como resultado de la continentalización. La declaratoria como puerto libre desencadenó un crecimiento demográfico descontrolado y sin precedentes, hasta el punto en que actualmente es catalogada como una de las islas más densamente pobladas del Gran Caribe. Ello provocó que la población nativa dejara de ser mayoría en su propio territorio: según información del Censo General de 2005, la población raizal en San Andrés representa el 30% del total; en Providencia, el 74 %.

La continentalizacion incidió en la conformación de una sociedad heterogénea, ya que muchas de las características de los panyas, como la religión y la lengua, entre otras, son completamente distintas a aquellas de la población nativa. Además, ya no se trata de una comunidad cerrada y pequeña, como lo era San Andrés hacia mediados del siglo XX, puesto que ahora se desconoce la procedencia de una buena proporción de los continentales, factor que expuso a la isla a la infiltración de individuos asociados con grupos delincuenciales. Así, la falta de planificación en el desarrollo territorial generó, además de serios problemas ambientales, que esas normas y redes sociales, las cuales se habían configurado durante siglos, se vieran alteradas.

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