No votar por jóvenes sin experiencia o independencia

Opinión del portal la Silla Vacía

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Dada la actual situación en Colombia, es mejor no votar por candidatos jóvenes sin experiencia profesional y sin las condiciones de independencia económica que les permita obrar con autonomía.

Mateo Trujillo

Después de pensarlo mucho, he llegado a la conclusión de que, dada la actual situación en Colombia, es mejor no votar por candidatos jóvenes sin experiencia profesional y sin las condiciones de independencia económica que les permita obrar con autonomía.

Ya he visto muchos casos: llegan con un discurso de renovación y piden la oportunidad por el hecho ser jóvenes. Algunos no han terminado ni siquiera su pregrado o no tienen experiencia profesional relevante, mucho menos un capital que les de algo de libertad y emancipación financiera; es decir, la posibilidad de no depender de la política.

Una gran parte de la ciudadanía se entusiasma y piensa que ciertamente “no hay que votar por los mismos de siempre” o que “necesitamos gente nueva”. Ante la desesperanza con los políticos tradicionales terminan dándoles un voto de confianza a los “nuevos” a ver si por fin se ve algo diferente.

Pero en realidad muchos de estos jóvenes llegan de la mano de un político tradicional o utilizan las mismas prácticas clientelistas: ofrecen contratos, capturan entidades y presupuestos públicos, piden puestos a los gamonales, e invierten grandes sumas de dinero en sus campañas, de tal forma que cuando llegan a ocupar cargos públicos, no van a poder actuar con independencia. Usualmente sucede que una vez que han cedido en alguna práctica tradicional, terminan de lleno en lo mismo.

En el mejor de los casos, puede que logren llegar sin acudir a dichos comportamientos. Es su habilidad retórica o su creatividad la que les permite lograr su cometido. Pero es su falta de experiencia profesional e independencia económica lo que hace que tengan que ceder a las presiones de su entorno para poder mantener su curul o su permanencia en la política y terminen adoptando a la política como una forma de subsistencia. Además, su falta de preparación impide que puedan formular soluciones reales y profundas a los problemas sociales, más allá del discurso.

He visto muchos ejemplos de lo anterior. Al principio llegan con convicciones e ideales de transformación y justicia. Pero una vez descubren que su subsistencia y el futuro de su carrera depende de ignorar casos de corrupción o de apoyar a quienes los realizan, optan por traicionar esos ideales que supuestamente los movían. Al final, es mucho peor el daño que hacen porque los ciudadanos se vuelven mucho más escépticos y apáticos, dificultando cualquier opción verdadera de renovación.

Creo que los jóvenes deben desempeñar un papel crucial en la transformación de Colombia, pero estoy convencido de que para lograrlo se deben formar primero y deben asumir una posición coherente con lo que critican. Y para eso se requiere preparación e independencia. Hoy considero que es indispensable no compaginar con las prácticas clientelistas si se quiere realmente renovar la política y devolverle a la ciudadanía la confianza en las instituciones y sus representantes. El momento crítico por el que atraviesa actualmente el país y la democracia liberal exige esa radicalidad.