¿Por qué una crónica de vida despierta odios y hasta amenazas? Hay que evitar tanta toxicidad en las redes sociales.

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El pasado domingo mientras esperábamos el lanzamiento de los paracaídas de la Fuerza Aérea Colombiana en las playas de Sprath Bight, nos pusimos a la tarea de redactar una breve crónica sobre una noticia que habíamos conocido el día anterior en los chats de periodistas de San Andrés y que daba cuenta erróneamente de la supuesta muerte de un interno de la Cárcel Nueva Esperanza, que había ingresado apenas 40 días atras.

Decidimos hacerlo a manera de crónica periodística y con un enfoque humanitario y no judicial, por qué ya todos los medios se habían ocupado de publicar el hecho como un desmentido judicial de la supuesta muerte del recluso.

Al tener acceso a información médica de fuentes directas decidimos darle un enfoque humanitario y hasta espiritual al relatar que el ingreso de este joven a la cárcel había resultado providencial para obtener una nueva oportunidad de vida, más prolongada y de mejor calidad, ya que el Estado como garante de su vida, le estaba ofreciendo la posibilidad de un necesario tratamiento cardiovascular por serio peligro de muerte, con posibilidades de transplante en una de las mejores clínicas de tratamiento cardíaco como la Valle de Lily, con traslado en avión ambulancia, todo costeado por Fiduprevisora, entidad fiduciaria del Estado para el personal a cargo del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC, ya que el paciente está en alto riesgo por qué solo le funciona el 20 por ciento, con marcapaso y válvulas obstruidas, por lo que una Junta Médica considero que aplicaba para un transplante.

Publicada la crónica no se hicieron esperar las decenas de comentarios negativos, prejuiciosos, mal intecionados, dañinos, etc aunque también abundaron los que recibieron con beneplácito el hecho, y con la esperanza de una vida renovada para este joven que puede rehabilitar su vida y corregir su rumbo.

Pero lo peor fue lo que ocurrió este lunes, cuando a un colega periodista que confundieron con un integrante de The Archipielago Press, lo intimidaron y casi que lo someten a agresiones, personas allegadas al interno, al reclamarle por la información divulgada y sobre todo por las decenas de opiniones negativas y dañinas.

Son reprochables las personas tóxicas que abundan en las redes sociales, que destilan su odio y su veneno, que esperan la equivocación del otro para masacrarlo a insultos u ofensas.

La toxicidad que circula en redes sociales no perdona un error ortográfico o de una coma, o de una fecha, nisiquiera del medio de comunicación porque de inmediato lo someten a la ridiculuzacion; menos aceptan el error de un muchacho que por equivocar su rumbo lo someten a un escarnio tal, que ni la posibilidad de un transplante de órganos le conceden porque consideran no es apto para recibirlo.

Que clase de sociedad somos que llegamos al extremo de enjuiciar a alguien solo porque le van a hacer un transplante con cargo al Estado?

Pero más aún, que clase de sociedad somos cuando pretendemos agredir a alguien solo por qué unos terceros hacen comentarios mal intencionados frente a una historia que ha publicado un medio de comunicación?.

Rechazamos tanto los comentarios dañinos de terceros, como las intimidaciones y amenazas de los allegados del protgonista de la historia.

En ocasiones cuando aparecen comentarios dañinos en algunas de nuestras publicaciones hemos tomado la decisión de eliminar tales comentarios, pero no nos podemos volver todo el tiempo y contra todos los comentarios en censores de opinión. Pero si pedimos a la gente una actitud más positiva, más propositiva, menos tóxica, mezquina y dañina, a la hora de expresar opiniones de nuestras noticias.

Vale la pena hacer reflexiones, si la vida le da nuevas oportunidades a otros, debemos sentir la satisfacción de que alguien logró superar una dificultad en su vida.