Prensa insular celebra su día entre el estigma y amenazas de los malos, la presión e indiferencia del Estado. Quiebra por la pandemia y las fake news de las redes sociales. La cooperación internacional sale a su rescate

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Resultado de imagen de periodismoPor César Pizarro Barcasnegras

Dice en una columna de opinión escrita por Jonathan Bock, director de la Fundación para la Libertad de Prensa que “El Estado colombiano nuevamente ha apuntado sus armas, recursos y capacidad de intimidación contra los periodistas”.

Pero el que reseña Bock es apenas el capítulo de la intimidación y la violencia contra los periodistas que, durante el 2020, a pesar del confinamiento por la Pandemia del Coronavirus, 193 de ellos fueron amenazados en Colombia.

Pero no es ese el único problema que enfrentan los periodistas y no solo el único grave en las actuales circunstancias de la Pandemia del Covid19, de las Redes Sociales y de eventos antrópicos en los que los periodistas son protagonistas en primera línea participando de manera consagrada.

En marzo del 2020 cuando el Gobierno Nacional decretó la Emergencia Sanitaria por la Pandemia del Nuevo Coronavirus SarsCov2 (Covid19) y obligó a mantener un confinamiento obligatorio (cuarentena) que paralizó el esquema productivo insular (hotelería-turismo y comercio), los medios de comunicación se vinieron al piso con todo el aparato empresarial de las islas, pero con la diferencia que los medios de comunicación, aun sin facturación publicitaria debieron seguir funcionando 24/7, en primera línea al lado de las entidades médicas, hospitalarias y de salud, autoridades de gobierno, fuerzas militares y brigadistas – pero al fin y al cabo financiados por el Presupuesto de la Nación-, suministrando información permanente a la comunidad sobre la evolución de la pandemia, las medidas de orden público y bioseguridad que debía cumplir, cómo gestionar las frustraciones de los enclaustrados ciudadanos, y tramitando las necesidades alimentarias, médicas, de movilidad humanitaria para posibilitar la salida o llegada de miles de personas que se quedaron en atrapados en el lugar no indicado para pasar una Pandemia, por cuenta de la cuarentena universal.

Pero luego vinieron dos poderosos huracanes que lo acabaron casi todo a su paso, y ahí estaban todos pendientes del trabajo de la prensa que informaba al archipiélago, Colombia y el mundo, lo que ocurría antes, durante y después de Eta y Iota. Y también los periodistas fueron afectados, perdieron pertenencias y propiedades, sus hogares también se afectaron.

Pero de nuevo, todos se acordaron de ellos para informar o para que escucharan las necesidades y afectaciones de la población. Y de nuevo ahí estuvo la prensa, con consagración y vehemencia dando todo de si, ayudando y apoyando 24/7 hasta hoy.

Autoridades y comunidad durante esta complicada situación (Emergencia Sanitaria y Calamidad Pública) siempre utilizaron a la prensa para sus propósitos, pero nunca se acordaron de la prensa como depositarios de las ayudas humanitarias que repartían, por que a los periodistas siempre los ven solamente como los trabajadores de la información y la comunicación que están obligados a informar lo que dicen las fuentes informativas, y a escuchar lo que tiene la comunidad para denunciar o reclamar.

Pero no son solo las balas asesinas de los criminales asociados a políticos corruptos, narco mafiosos o actores armados; las dificultades de una Pandemia que quebró a la casi totalidad de medios de comunicación regionales que sobreviven arañando la poca pauta que existe y la ascensión de Redes Sociales en las que abunda la vulgaridad, el odio y  la envidia como lenguaje de debate y la mentira como noticia; una competencia publicitaria sin mucha técnica ni éxito pero que igual le quita fuerza a la función comercial de los medios de comunicación, y la mala leche de “informantes” advenedizos que han visto en los periodistas su objetivo para el asesinato moral, convencidos de que por disponer de una cuenta en redes sociales gozan de credibilidad o de capacidad de transmitir información, pero que lejos de cumplir el rol de la prensa, distorsionan realidades, causan pánico y terror y sabotean procesos que buscan el bienestar social del colectivo.

En la materia abundan siniestros personajes de estos en el Archipiélago que autoproclamados las nuevas reservas morales del Departamento viven estigmatizando a la prensa y a los periodistas, así éstos estén revestidos de la idoneidad de sus títulos y experticia, no son merecedores de una beca, un crédito Icetex, de un contrato oficial; todos los demás lo merecen: los arquitectos, ingenieros, contadores, abogados, trabajadores sociales, técnicos, tecnólogos, bachilleres, etc, todos ellos lo merecen, pero los periodistas no. Ellos son vendidos, trabajadores de estómago, mercenarios, etc, todo menos que idóneos para merecer un contrato estatal.

A esta inquina y maldad contra la prensa por parte de los francotiradores y sicarios que disparan a la moral de los periodistas desde las Redes Sociales, se suman funcionarios públicos del Estado que lo único que les ha faltado es proponer una agenda legislativa que apruebe como delito la contratación de la Pauta Oficial.

El contrato con el que judicializaron al gobernador en propiedad Everth Hawkins Sjogreen, no llevaba delito alguno, solo llevaba el prejuicio de francotiradores de la moral y enemigos de la prensa, aupados por funcionarios de jurisdicción que ven en la pauta oficial la forma de neutralizar a la prensa, y le declararon la guerra no solo a un mandatario regional que se convirtió en el chivo expiatorio de un viaje familiar con apariencia de oficial convertido en un escándalo público contra uno de los altos poderes del Estado.

Se destaca el caso del hipócrita procurador general de la Nación Fernando Carrillo Flórez, que mientras tuiteaba su preocupación por la necesidad de rescatar de la quiebra a la prensa regional, prohibía la contratación de los medios de comunicación como factores de apoyo a los gobiernos en los tiempos de pandemia. A través de la Directiva No. 16, numeral 4.1 establecía que “la Contratación relacionada con la emergencia que no resulte necesaria, tales como, material publicitario impreso, radial, fotográfico o virtual sobre prevención del COVID-19 dirigido a población con acceso a televisión e internet y que cuentan con información suficiente; o contratos de publicidad para resaltar la imagen del alcalde, gobernador o partido político”, con lo cual echó por tierra cualquier posibilidad de que los medios regionales tuvieran una subvención del Estado para acompañar el proceso de lucha contra la Pandemia y de paso los mandó a la quiebra y la ruina.

Afortunadamente la Cooperación Internacional de organizaciones que ven en los medios de comunicación los vehículos que contribuyen a la defensa y fortaleza de la democracia en la región y en defensa de comunidades vulnerables, decididamente salieron al rescate de la prensa mundial de pequeñas y grandes ciudades y regiones del mundo.

Uno de esos generosos cooperantes internacionales es el Fondo de Ayuda de Emergencia para el Periodismo de Google a través de la Google News Initiative cuyo objetivo era apoyar el trabajo de medios pequeños o medianos que generaran información original, vinculada a la pandemia del COVID-19 y destinada una audiencia local.

Lanzado a escala global, el fondo ofreció una vía rápida para obtener apoyo financiero en un momento crítico. Este Fondo abrió una convocatoria desde 15 hasta el 29 de abril de 2020 a través de un formulario de solicitud online  que  pedía información básica sobre la publicación y, en su caso, sobre su estructura general, así como detallar de qué manera se gastará la ayuda. Al enviar la solicitud, aceptaba los Términos y condiciones del Fondo de Ayuda de Emergencia al Periodismo, las solicitudes se revisaron y aprobaron a medida que iban llegando, esperando un gran volumen de solicitudes ya que la intención era entregar la ayuda con la mayor velocidad posible.

The Archipiélago Press aplicó a la convocatoria y luego de un juicioso proceso de revisión, aprobación y tramite fiscal ante autoridades norteamericanas, logró la transferencia de una alta subvención muy importante en dólares americanos que le ha facilitado a este rotativo, funcionar permanentemente en tiempos de afugias económicas por falta de pauta publicitaria.

Lo que nuestro Estado ni nuestra sociedad hacen, lo hacen cooperantes internacionales. No es justo que con tanta información que han puesto en circulación las entidades oficiales para atender una Emergencia Sanitaria y una Calamidad Pública, a los medios de comunicación se nos haya impuesto una obligación ética y moral de solo informar, muchas veces mucho material propagandístico con apariencia de información y noticias, y los periodistas de la Región no hayamos sido tenidos en cuenta ni para la ejecución de Planes de Medios, de ayudas económicas, de ayudas a damnificados, o si quiera, por estar expuestos al contagio del Covid19 (Ya han fallecido más de 22 periodistas por la Pandemia en Colombia contagiados en el cubrimiento de su trabajo) estemos en línea de atención después de las prioridades epidemiológicas establecidas.

Hoy por ser el día del Periodista, nadie nos puede quitar el derecho, de hacer un paréntesis en los 365 días del año informando, denunciando y oyendo a la comunidad, para dejar las constancias de nuestras penurias sufridas en el ejercicio de un ingrato trabajo que hacemos con pasión y consagración.

Un sentido homenaje a nuestro recién fallecido compañero y colega, Javier Cruz Jiménez. Paz en su tumba.

*Comunicador Social y Abogado