Traición o sensatez?

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Mucho se ha dicho en redes sociales de la decisión del ex secretario General del Departamento, Cesar James Bryan de acogerse al principio de oportunidad y confesar y delatar la trama de corrupción que durante siete años montaron los líderes del Partido Liberal Colombiano en las islas desde su curul en la Cámara de Representantes y la Gobernación de San Andrés.

Lo cierto es que James Bryan no tomó esa decisión a motu proprio en un destello de honestidad y de pudor con el propósito de colaborar con la justicia, sino como consecuencia del cerco judicial que se cerraba en torno suyo, ya que los principales actores del saqueo de la valorización urbana de Armenia ya habían “cantado” y le ofrecieron a la Fiscalía una delación en relación con las maniobras corruptas en las que también habían actuado con la contratación de Armenia.

Y en esa delación, el eslabón que unía la cadena de corrupción de Armenia y San Andrés, era justamente él, quien recibía los dineros de las coimas –a decir de las declaraciones de Fernando Diez Cardona- y quien las repartía a la entonces gobernadora de San Andrés.

Ya descubierto, la única salvación que tenía James Bryan era confesar y ampliar el alcance de lo develado por los contratistas paisas, y acogerse al principio de Oportunidad que le daba una oportunidad de salvar algo de su pellejo.

Lo que hizo James Bryan es algo que está más cerca de ser un acto sensato que un acto de deslealtad o traición, porque entre otras cosas, a estas alturas ya no le debía lealtad ni al gobernador, ni a la ex gobernadora y mucho menos al ex parlamentario.

Y no les debía nada porque lo primero que hizo el gobernador Ronald Housni cuando llegó, aun cuando lo dejó en el mismo cargo que traía de la administración de Aury Guerrero, fue quitarle la facultad de contratación, y luego de eso lo sacó del gobierno para meter a Alain Manjarrez, con la promesa de que sería el candidato reemplazo de su hermano en la Chamara de Representantes. Pero ello tampoco ocurrió y en cambio reencaucharon a la ex gobernadora de candidata a Cámara en una pálida aspiración que naufragó con la candidata que creían era el relleno para impulsar su candidatura.

Y adicional a eso James Bryan empezó a sentir cierta especie de traición porque suponía que sus otrora aliados estaban detrás de algunos procesos que se empezaban a mover en entes de control, como el que “reventó” en la Contraloría General de la República, con lo que buscaban sacarlo de circulación.

A estas alturas, César James Bryan no sentía obligación de guardar lealtad con nadie y estaba obligado no solo a confesar sus pecados, sino a delatar a los demás, y el principio de oportunidad fue la mejor figura que encontró en el ordenamiento jurídico penal colombiano; él más que nadie lo sabía en su condición de abogado.

Y es que la Fiscalía General de la Nación está obligada a perseguir a los autores y partícipes en los hechos que revistan las características de una conducta punible que llegue a su conocimiento, excepto por la aplicación del principio de oportunidad, en los términos y condiciones previstos en el código.

Así la Fiscalía General de la Nación podrá suspender, interrumpir o renunciar a la persecución penal, cuando el imputado colabore eficazmente para evitar que continúe el delito o se realicen otros, o aporte información esencial para la desarticulación de bandas de delincuencia organizada, cuando el imputado sirva como testigo principal de cargo contra los demás intervinientes, y su declaración en la causa contra ellos se haga bajo inmunidad total o parcial., cuando en atentados contra bienes jurídicos de la administración pública o recta impartición de justicia, la afectación al bien jurídico funcional resulte poco significativa y la infracción al deber funcional tenga o haya tenido como respuesta adecuada el reproche y la sanción disciplinarios, cuando la persecución penal del delito cometido por el imputado, como autor o partícipe, dificulte, obstaculice o impida al titular de la acción orientar sus esfuerzos de investigación hacia hechos delictivos de mayor relevancia o trascendencia para la sociedad, cometidos por él mismo o por otras personas.

De modo que en las circunstancias en las que se encontraba James Bryan, quien haya decidido lo contrario, más que una muestra de lealtad, lo que habría dado es una muestra de insensatez y de estupidez, por cuanto era echarse la soga al cuello, ahorcarse él sólito y llevarse a la tumba el secreto que no solo lo cobijaba a él sino a muchos otros que además no merecían tal lealtad.

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