Triste, lamentable y vergonzoso el enfrentamiento que protagonizan los ex presidentes del país que ni la amenaza sobre la soberanía del mar territorial de San Andrés los movió a asistir a la comisión asesora de relaciones exteriores

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Por: Óscar Montes

Al ex presidente de Estados Unidos Harry S. Truman le atribuyen la frase aquella según la cual los expresidentes son como esos muebles viejos que en todas parten estorban y nadie sabe qué hacer con ellos.

En Colombia la hizo suya el expresidente Alfonso López Michelsen para citarla cada vez que quería enviarle un sablazo a alguno de sus colegas expresidentes. Lo cierto es que en Colombia los expresidentes son todo, menos muebles viejos. Y mucho más ahora.

El frustrado encuentro de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, que debía realizarse el pasado jueves en la Casa de Nariño por citación del presidente Iván Duque y de la que hacen parte los exmandatarios del país, demuestra las pésimas relaciones que mantienen en la actualidad los ex jefes de Estado.

El asunto que debía tratar la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores es de suma importancia para el país, pues tiene que ver con encontrarles salidas legales y diplomáticas a dos nuevas demandas interpuestas por Nicaragua sobre nuestra soberanía en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Después de haber perdido una gran extensión de mar territorial, luego del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya –que favoreció a Nicaragua– la defensa de nuestra soberanía en el Archipiélago es de vital importancia.

Pero así no lo entienden los expresidentes César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, quienes prefieren anteponer sus diferencias personales y políticas a los fundamentales asuntos de la soberanía nacional. Los expresidentes han decidido seguir brindando el triste y lamentable espectáculo de ventilar en público todas sus rencillas y sus asuntos pendientes. Optaron por pasarse cuentas de cobro, hacerse graves señalamientos y acusarse mutuamente de la grave crisis que atraviesa el país.

Encontraron para ello el mejor escenario: la Comisión de la Verdad, a la que han acudido todos a contar “su verdad” de los hechos ocurridos durante sus mandatos. No obstante, la verdad que han contado es la que les conviene y les sirve para justificar las decisiones que tomaron en su momento. En sus relatos abundan los señalamientos a los demás expresidentes y brillan por su ausencia la autocrítica y el reconocimiento de los errores cometidos. Ni un solo “mea culpa” se ha escuchado de sus labios.

Es así como Samper y Pastrana aprovecharon la ocasión para revivir el tristemente célebre episodio del proceso 8.000, que develó la financiación del cartel de Cali a la campaña del candidato liberal. Mientras Pastrana cuestiona la legitimidad del gobierno de Samper por la “narcofinanciación” de su campaña, este le reprocha a Pastrana no haber podido sacar adelante la negociación de paz con las Farc.

Igual sucede con Uribe y Santos, quienes después de ser grandes amigos y aliados –tanto que el segundo ganó su primera presidencia gracias al respaldo total y absoluto del primero– hoy son grandes rivales políticos. La negociación de paz con las Farc terminó enemistando a Uribe con Santos, hasta el punto de que hoy sus posturas son irreconciliables. Uribe le cobra a Santos su deslealtad y Santos le reprocha a Uribe su apego al poder y su falta de generosidad al no reconocer la importancia de la negociación con las Farc.

El enfrentamiento entre los exmandatarios no es, pues, un asunto menor. Se trata de personalidades que han ocupado la más alta dignidad del Estado, después de haber contado en las urnas con el respaldo de millones de sus compatriotas. Si los expresidentes no son capaces de anteponer los intereses del Estado a sus propias mezquindades, entonces, ¿qué podemos esperar del resto de los colombianos?

¿La patria por encima de los partidos?

La célebre frase del dirigente liberal y fundador de la Universidad Libre, Benjamín Herrera, “la patria por encima de los partidos”, quedó relegada al rincón del olvido por parte de los expresidentes de la República.

Por cuenta del enfrentamiento que sostienen unos contra otros es evidente que no son los intereses supremos de la patria los que ocupan un lugar de privilegio entre sus afectos. Todo lo contrario: son sus mezquindades y resentimientos los que afloran a la hora de lanzar diatribas contra los otros expresidentes.

Hoy nuestros exmandatarios son todo, menos factor de unidad nacional o de reconciliación. Así quedó demostrado en todas sus intervenciones ante la Comisión de la Verdad y también quedó evidenciado al no asistir a la reunión de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores en la Casa de Nariño.

De manera que la frase de Benjamín Herrera en el caso de los expresidentes no se aplica. Para ellos nada está por encima de sus intereses particulares, sus veleidades, sus odios y sus resentimientos.

Hoy cuando los colombianos esperamos un mensaje de unidad por parte de quienes estuvieron al frente del Estado, con lo que nos encontramos es con el triste espectáculo de una pelea de comadres. Punto.

El 8.000, la eterna pelea de Pastrana y Samper

El proceso 8.000 sigue siendo la manzana de la discordia entre Pastrana y Samper. Más que una manzana es un enorme elefante, que tiene que ver con el ingreso de varios millones de dólares provenientes del cartel de Cali a la campaña del entonces candidato liberal, Ernesto Samper Pizano.

Esta semana, ante la Comisión de la Verdad, Pastrana radicó una carta en la que los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela –máximos capos del cartel de Cali– denuncian haber financiado al candidato Samper.

En la carta –fechada el 12 de junio del 2000– los hermanos Rodríguez Orejuela sostienen que Samper sí sabía del ingreso de los dineros del cartel de Cali a su campaña. Es decir, no sería cierta la frase tristemente célebre de Samper según la cual si el dinero del narcotráfico ingresó a su campaña fue a sus espaldas.

Samper, por su parte, respondió a los señalamientos de Pastrana en su cuenta de Twitter: “No le reconozco ninguna autoridad moral a Andrés Pastrana mientras no le explique a la opinión pública cuáles fueron sus relaciones con el pedófilo Epstein y por qué y para qué invitó a Cartagena a su proxeneta Ghislaine Maxwell”.

De ese calibre es el enfrentamiento entre Pastrana y Samper. Ese es el nivel de la discusión entre dos expresidentes de la República, quienes pregonan –cada uno por su lado– la reconciliación nacional.

Uribe contra Santos: guerra sin tregua

La declaración del expresidente Álvaro Uribe al padre Francisco De Roux en la que no les reconoce legitimidad a los organismos creados a partir de la negociación del gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc, entre ellos la propia Comisión de la Verdad que preside De Roux, tuvo muy mal recibo por parte del premio Nobel de Paz.

Para Santos esa declaración es tanto como una ofensa, pues él considera que la Comisión de la Verdad es fundamental para alcanzar la paz y la reconciliación nacional. Santos aprovechó la ocasión para “despacharse” contra Uribe y contra los llamados falsos positivos, que hoy tienen contra las cuerdas a altos oficiales del Ejército Nacional, entre ellos el ex comandante del Ejército general Mario Montoya.

Uribe, por su parte, ha sido abanderado del desmonte de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), nacida de los acuerdos de La Habana, por considerar que fue diseñada para darles impunidad a los máximos cabecillas de las Farc.

Conclusión: tanto Uribe como Santos tienen “verdades” muy distintas sobre la llamada Política de Seguridad Democrática –implantada por Uribe y ejecutada en buena parte por Santos cuando fue su ministro de Defensa– así como sobre los acuerdos de La Habana, que permitieron el desmonte de las Farc. Esas verdades a medias poco o nada contribuyen a encontrar la “verdad verdadera” de todo lo sucedido en sus mandatos.

César Gaviria, mueve los hilos para ponerle la camiseta roja a Alejandro Gaviria

Por afinidades ideológicas y ahora electorales, el expresidente César Gaviria prefiere tener de aliados a Samper y Santos, mientras le dispara munición gruesa a Uribe y Pastrana.

La máxima atención del expresidente liberal está puesta hoy por hoy en ayudar a sacar adelante la candidatura de Alejandro Gaviria, quien lanzó de forma oficial su aspiración a la Presidencia.

Desde hace varios meses, el expresidente asumió como propia la causa del ex ministro de Salud de llegar a la Casa de Nariño. Mientras Alejandro Gaviria hace grandes esfuerzos por consolidar una candidatura independiente, César Gaviria se aplica a fondo para ponerle a su pupilo la camiseta roja del Partido Liberal.

Gaviria –Alejandro– sabe muy bien que en la medida en que se desmarque del liberalismo consolida su candidatura independiente. Si se deja arropar por Gaviria –César– pierde no solo independencia –que sería muy grave en un candidato independiente– sino grandes posibilidades de triunfo.

Hoy la camiseta liberal –en términos electorales– es más lo que resta que lo que suma, dado el enorme desprestigio de los partidos políticos .

Texto y foto tomada de El Heraldo

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