Ya los residentes no tienen en donde vivir, cualquier apartamento se convierte en posada.

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¿Me arrienda la casa?. No, es para turistas” Antonio Colmenares Martínez. A pesar de los anuncios de la viceministra de Turismo, Sandra Howard, según los cuales el despacho a su cargo tendría como prioridad la formalización de las posadas que pululan por toda la isla de San Andrés, hasta el momento no es más que otra promesa aplazada.

Los propietarios de apartamentos y casas, instalan camas en todas las habitaciones, incluyendo la sala y el comedor y así casi al borde del hacinamiento ‘meten’ 20 personas que, claro, ahorran porque pueden cocinar y se ahorran una gran cantidad de dinero pero en menoscabo de la industria hotelera y de restaurantes. Es una ganancia redonda para el propietario de las improvisadas posadas, porque no paga nada al fisco por el derecho de ejercer como hotel.

Es que 20 personas pagando habitaciones de hotel normal tendrían que pagar una factura normal con inclusión de los impuestos que en últimas dan vida al sistema hotelero.

Mientras cada casa y apartamento potencialmente pueda convertirse en un hotel alternativo, la isla perderá a través del desestimulo de la hotelería formal.

Discriminación e irrespeto

Los dueños de apartamentos y casas se dan el lujo de decirle a sus inquilinos: ‘Agradezcan que no tuve dinero para invertir en el embellecimiento de este apartamento porque esto estaba destinado al turismo.

En otras palabras, cuando las viviendas están en mal estado sirven para arrendar a residentes pero si están en regular estado ‘para arriba’ los inmuebles se dedican al turismo.

Ante esta situación, mucha gente está residiendo en casas de familiares o amigos mientras consiguen un lugar que no esté apto para posada y pueda ser arrendado para pago mensual.

En tanto el estado parece pasar por encima de la situación, no se da por enterado y el fenómeno continúa sin que nadie ponga orden y haga valer los derechos de todos los sectores involucrados empezando por los turistas que deben incomodarse y hacinarse, los residentes que para estos efectos son tratados como ciudadanos de segunda, como si estuvieran pidiendo la limosna de una vivienda, el sector hotelero y de restaurantes porque dejan  de percibir importantes cifras debido a la piratería y la gobernación que no recibe impuestos para poder invertir en el mismo renglón de la economía isleña.

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